CDMX.-Expertos plantean acelerar el tratamiento avanzado de lixiviados para proteger las fuentes de agua de la CDMX
23 septiembre 2026
23 de septiembre de 2026
Nota de: Diego Ortuño
Foto de: El monitoreo y la caracterización analítica resultan clave para medir la carga de metales pesados en efluentes maduros y proteger las fuentes de agua subterránea. / Foto: Referencial
Los vertederos cerrados generan efluentes maduros durante décadas sobre un acuífero con déficit de 480 millones de metros cúbicos anuales. Expertos proponen el tratamiento in situ para ahorrar en traslados al tiempo que se preserva la salud de las fuentes subterráneas
Los lixiviados constituyen efluentes de tal toxicidad que, al entrar en contacto con las fuentes de agua subterránea, tienen la capacidad de inutilizar reservas enteras para el consumo humano y propagar metales pesados en las redes de suministro. En el caso de la Ciudad de México, esta amenaza adquiere una mayor gravedad debido al déficit crónico del acuífero metropolitano. La reducción constante del volumen de agua almacenada en el subsuelo disminuye la capacidad de dilución natural, lo cual eleva la concentración relativa de los contaminantes y acelera el deterioro del recurso. Ante este escenario, especialistas en gestión hídrica declaran urgente el despliegue de medidas descentralizadas y de rápida aplicación para tratar estos efluentes en el propio sitio donde se generan, antes de que alcancen los pozos de abastecimiento.
El Acuífero Zona Metropolitana de la Ciudad de México (Clave 0901) provee entre el 66% y el 70% del agua potable que abastece a la capital a través de pozos profundos, pero arrastra un balance deficitario certificado por la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) de 480 millones de metros cúbicos al año. Al mismo tiempo, la metrópoli genera 12.504 toneladas diarias de residuos sólidos urbanos (SEDEMA) y, ante el agotamiento de espacio local, traslada la mayor parte hacia rellenos privados del Estado de México —como Chicoloapan, Naucalpan o Ixtapaluca—. Sin embargo, este esquema solo exporta la basura diaria, mientras los depósitos clausurados en la propia cuenca continúan como focos activos de generación de lixiviados.
Adicionalmente, el fenómeno de El Niño se encuentra plenamente establecido en México durante 2026 y los pronósticos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) indican que alcanzará su máxima intensidad hacia finales de año —entre noviembre y febrero de 2027—, con un 75% de probabilidades de convertirse en un evento de categoría histórica o «Súper El Niño». La recurrencia de precipitaciones torrenciales extraordinarias sobrecarga la masa de residuos en vertederos, acelera la percolación pluvial que lava los depósitos y satura las lagunas abiertas de evaporación en la periferia metropolitana, lo cual multiplica el volumen de lixiviados y eleva el riesgo de desbordamientos hacia cauces superficiales y mantos freáticos.
Un efluente en evolución
A diferencia de las aguas residuales convencionales, la composición química de los lixiviados evoluciona de manera desfavorable a lo largo del tiempo. Durante los primeros años de un vertedero, el lixiviado joven presenta un carácter ácido y una fracción orgánica soluble susceptible de degradación biológica. Con el paso de las décadas, el residuo se transforma en un lixiviado maduro y recalcitrante debido a que la biodegradabilidad se desploma a mínimos técnicos, el nitrógeno amoniacal se concentra a niveles inhibitorios y predominan ácidos húmicos y fúlvicos de estructura molecular compleja junto a metales pesados como plomo, cadmio, cromo y níquel, de acuerdo con los análisis del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA). Estos lixiviados envejecidos resultan invulnerables a los tratamientos biológicos ordinarios.
Roberto Olivares, Gobernador Honorario del Consejo Mundial del Agua (World Water Council) y Presidente de la Red Latinoamericana de Organismos de Cuenca (RELOC), explica que la generación prolongada de lixiviados constituye un proceso físico y biológico natural tras la clausura de cualquier vertedero. La evidencia científica internacional confirma que la descomposición anaerobia de la masa de residuos mantiene una producción activa de efluentes maduros durante periodos que oscilan entre 50 y 100 años, independientemente del cierre formal de las operaciones.
En el caso del Valle de México, Olivares señala que este fenómeno natural convive con una geotecnia singularmente compleja en el lecho del antiguo lago de Texcoco. En enclaves históricos como Bordo Poniente —clausurado en 2011—, la autoridad metropolitana sostiene labores continuas de contención y bombeo perimetral para gestionar la subsidencia del suelo y los asentamientos diferenciales de las arcillas. No obstante, el experto recalca que la intensificación de lluvias extraordinarias aconseja dar un salto cualitativo en la estrategia regional que complemente las tareas de contención con esquemas de tratamiento avanzado.
El desafío se extiende a otros enclaves clausurados en la capital, tales como Santa Catarina o Prados de la Montaña en Santa Fe, así como a los rellenos periféricos receptores.
Frente a este reto de ingeniería, especialistas en separación de efluentes complejos proponen el despliegue de soluciones modulares integradas a la infraestructura existente para tratar los lixiviados en el propio sitio. Fernando Saroglia, Global Business Development Manager de CONSEPTEC, enfatiza los retos operativos a los que se enfrentan las plantas de gestión de residuos a medida que los depósitos maduran. “Los sistemas de depuración biológica convencional operan con solvencia en vertederos jóvenes, pero sufren paradas frecuentes e inhibición de procesos cuando la materia orgánica se vuelve recalcitrante y las concentraciones de amonio y sales se disparan. Nuestro rol como tecnólogos consiste en acompañar a los operadores con esquemas robustos diseñados a la medida de esa química compleja”.
Saroglia detalla que la respuesta operativa depende de cada caso porque “no hay dos lixiviados iguales” y una de las soluciones podría consistir en trenes modulares que combinan procesos de membrana de alta presión —como la tecnología DTRO— con sistemas de evaporación térmica para la fracción más concentrada. Este tipo de arquitectura permite recuperar más del 80% del volumen en agua tratada con calidad suficiente para recirculación interna o cumplimiento estricto de la NOM-001-SEMARNAT-2021, reduciendo el efluente final a una mínima fracción sólida estabilizada. “El beneficio para el gestor de la instalación es integral porque elimina la dependencia y el sobrecoste de los traslados externos en cisternas, estabiliza el gasto operativo (OPEX) a largo plazo y transforma un pasivo problemático en un recurso hídrico aprovechable dentro del propio predio”, concluye.
DESPIECE — EL CASO DE ÉXITO HAINAN
En la provincia de Hainan (China), CONSEPTEC resolvió la saturación de un complejo de residuos donde la generación masiva de lixiviados sobrepasaba la capacidad local y obligaba a un costoso y continuo traslado en cisternas hacia instalaciones remotas. La solución consistió en el montaje de un tren modular en origen compuesto por membranas tubulares y ósmosis inversa de alta presión (DTRO), articulado con un sistema de evaporación térmica para la corriente más concentrada.
Este esquema tecnológico permitió recuperar agua con calidad de proceso para su reutilización inmediata en el propio recinto, redujo el efluente residual a una mínima fracción sólida estabilizada y eliminó de forma definitiva la dependencia del transporte externo, lo que blindó la operación frente a riesgos de derrame y garantizó un ahorro drástico en los costes operativos del vertedero.
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