Eventos hidrometeorológicos: vivir entre extremos
21 mayo 2026
Redacción: agua.org.mx/Karina Bautista-Fondo para la Comunicación y la Educación Ambiental, A.C.
En México, el clima parece haberse vuelto un péndulo que oscila entre extremos. En un mismo año, e incluso en una misma región, podemos pasar de sequías prolongadas y temperaturas sofocantes a lluvias torrenciales, inundaciones y huracanes. Mayo de 2026 lo está dejando claro: mientras gran parte del país enfrenta olas de calor superiores a los 40 °C, también inició oficialmente la temporada de ciclones tropicales en el Pacífico, y las autoridades prevén una actividad importante para los próximos meses. [1]
Hablar de eventos hidrometeorológicos no es hablar de fenómenos aislados o extraordinarios. Es hablar de nuestra vida cotidiana. Del calor que sentimos al salir a la calle, de las noches cada vez más difíciles para dormir, de las inundaciones que colapsan ciudades enteras tras unas horas de lluvia o de comunidades costeras que viven con incertidumbre cada temporada de huracanes.
Pero ¿por qué está pasando esto?, ¿qué significa para nuestra vida diaria? y, sobre todo, ¿qué podemos hacer frente a un escenario climático cada vez más incierto?
Especialistas han advertido que el país se está calentando más rápido que el promedio global. Francisco Estrada Porrúa, investigador de la UNAM, señaló recientemente que México ya presenta un incremento de temperatura cercano a 1.9 °C respecto a niveles preindustriales, una cifra superior al promedio mundial. [2] Este aumento de temperatura no ocurre de manera aislada. El calor extremo modifica el comportamiento atmosférico, altera los ciclos del agua y favorece condiciones para eventos más intensos. Según información del Gobierno de México sobre impactos del cambio climático, el país enfrenta un aumento en sequías prolongadas, modificaciones en los patrones de precipitación y mayor frecuencia de fenómenos extremos. [3]
A la par de las altas temperaturas, la temporada de huracanes ya comenzó. En el océano Pacífico inició oficialmente el 15 de mayo y en el Atlántico comenzará el 1 de junio. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) prevé entre 18 y 21 ciclones tropicales en el Pacífico y entre 11 y 15 en el Atlántico durante 2026. De ellos, varios podrían convertirse en huracanes mayores, es decir, categorías 3, 4 o 5. [4]
Los expertos también han alertado sobre un fenómeno cada vez más preocupante: la rápida intensificación de huracanes. Es decir, tormentas que en pocas horas aumentan drásticamente su fuerza debido al calentamiento del océano. El caso del huracán Otis en 2023 sigue siendo uno de los ejemplos más alarmantes en México. (Ibidem) Esto ocurre porque los océanos más cálidos funcionan como combustible para los ciclones tropicales. Mientras más caliente está el agua, mayor energía tienen estas tormentas para fortalecerse. (Ibidem)
A veces pareciera que hablar de cambio climático o eventos hidrometeorológicos es hablar de algo lejano, técnico o exclusivo de científicos y autoridades. Pero la realidad es que sus impactos ya forman parte de nuestra vida diaria.
El calor extremo afecta directamente la salud. Las altas temperaturas pueden provocar golpes de calor, deshidratación, agotamiento físico y agravar enfermedades cardiovasculares y respiratorias. En mayo de 2026, medios nacionales reportaron más de 330 muertes asociadas a las altas temperaturas en México. [5]
Sin embargo, no todas las personas viven estos impactos de la misma manera. Quienes trabajan en la calle, realizan labores físicas intensas o viven en viviendas sin ventilación adecuada enfrentan mayores riesgos. También las mujeres suelen cargar con tareas adicionales durante emergencias climáticas, como el cuidado de personas enfermas, niñas, niños o adultos mayores.
Las lluvias intensas y huracanes también tienen consecuencias que van mucho más allá de la impactante de una tormenta. Inundaciones, pérdida de viviendas, daños a cultivos, interrupciones en el suministro de agua potable, afectaciones al transporte y aumento en enfermedades transmitidas por vectores son parte de los impactos recurrentes. [6]
En ciudades altamente urbanizadas, el problema se agrava por la pérdida de áreas verdes, el exceso de concreto y los sistemas de drenaje insuficientes. Las llamadas “islas de calor urbanas” hacen que algunas zonas acumulen todavía más temperatura. [7]
También hay impactos económicos silenciosos. El calor reduce la productividad laboral, incrementa el consumo eléctrico por ventiladores y aire acondicionado y puede afectar la producción agrícola y ganadera. Mientras tanto, las lluvias extremas generan costos millonarios en infraestructura y recuperación.
En otras palabras: los eventos hidrometeorológicos nunca han sido “desastres naturales”. Son fenómenos que profundizan desigualdades existentes y afectan nuestra salud, economía y calidad de vida.
Frente a este panorama, una de las preguntas más importantes es cómo responder como sociedad.
La adaptación ya no puede esperar. Necesitamos ciudades más preparadas para el calor y las lluvias extremas: con más áreas verdes, infraestructura hídrica funcional, sistemas de alerta temprana y acceso seguro al agua. [8]
También es fundamental fortalecer la cultura de prevención. En México solemos reaccionar cuando el desastre ya ocurrió, pero los próximos años exigirán una planeación constante frente a eventos extremos más frecuentes. Esto incluye desde revisar protocolos de protección civil hasta transformar la forma en que construimos ciudades y gestionamos el agua. Porque el problema no es únicamente que llueva más fuerte, sino que muchas veces nuestras ciudades no están preparadas para recibir esa agua.
Por otro lado, el monitoreo climático y meteorológico será cada vez más importante. Contar con información pública, accesible y oportuna puede marcar la diferencia entre prevenir riesgos o enfrentar tragedias mayores.
A nivel individual, aunque las soluciones estructurales requieren acción gubernamental, también existen medidas cotidianas relevantes: mantenerse informado sobre alertas meteorológicas, evitar exposición prolongada al calor, cuidar el agua, reducir superficies impermeables en hogares y comunidades, y participar en iniciativas locales de adaptación y cuidado ambiental.
Pero quizá uno de los cambios más importantes sea reconocer que estos fenómenos ya no son excepcionales. Vivir entre extremos climáticos será parte de la realidad de México durante las próximas décadas.
La pregunta ya no es si enfrentaremos eventos hidrometeorológicos extremos, sino qué tan preparados estaremos para vivir con ellos.
Referencias
[1] Zainos, Daniel (17 de mayo de 2026). https://www.nmas.com.mx/nacional/clima/ola-de-calor-mexico-golpea-hoy-17-de-mayo-2026-lista-estados-donde-esperan-hasta-45-grados/Ola de Calor Golpea Con Fuerza en Más 20 Estados Hoy 17 de mayo 2026: ¿Dónde Esperan hasta 45°? N+
[2] Carabaña. C. (02 de mayo de 2026). Francisco Estrada: “El impacto del cambio climático en México es como perder seis veces el PIB”. El País.
[3] Gobierno de México (s.f.) Impactos del cambio climático en México.
[4] López. I. A. (15 de mayo de 2026). Temporada de huracanes 2026 en México: pronóstico de Conagua, efectos de ‘El Niño’ y cuántos ciclones se prevén en el Pacífico y el Atlántico. El País
[5] Godínez, S. (16 de mayo de 2026). Calor extremo en México: se han registrado más de 330 muertes asociadas a altas temperaturas. Infobae
[6] SEDEMA (s.f.) Peligros, riesgos y vulnerabilidad ante el cambio climático. Secretaria del medio ambiente en la Ciudad de México.
[7] Carabaña. C. (02 de mayo de 2026). Francisco Estrada: “El impacto del cambio climático en México es como perder seis veces el PIB”. El País.
[8] Gobierno de México (s.f.) Impactos del cambio climático en México.
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