Las mujeres sostienen el agua

07 marzo 2026 Agua

Redacción: agua.org.mx / Karina Bautista-Fondo para la Comunicación y Educación Ambiental, A.C

Investigación: Sabina Arguelles-Fondo para la Comunicación y Educación Ambiental, A.C

La disponibilidad limitada de agua dulce constituye uno de los retos más relevantes en la actualidad. Sin embargo, sus efectos no impactan igual a toda la población. La forma en que se gestiona distribuye y garantiza el acceso al agua también refleja desigualdades sociales, entre ellas las de género. Desde el acarreo y almacenamiento hasta su uso responsable en el hogar, el trabajo de las mujeres y niñas mantiene funcionando la vida diaria aun en contextos de escasez.

Diversas investigaciones señalan que, en zonas rurales de países en desarrollo, las mujeres asumen una carga mayor debido a la asignación tradicional de responsabilidades domésticas, entre ellas la obtención de agua para el hogar. [1] En este sentido, incorporar indicadores ambientales con perspectiva de género resulta fundamental para evidenciar estas desigualdades y orientar políticas públicas hacia una mayor equidad.

Un aspecto central para analizar la problemática es el tiempo dedicado a la recolección de agua según el sexo. En hogares sin suministro directo de agua potable, cerca del 70% de la tarea recae en mujeres y niñas. [2] Esta actividad puede ocupar varias horas diarias y constituye trabajo doméstico no remunerado que limita su participación en actividades educativas, productivas y comunitarias. Por ello, la brecha de género en el acceso seguro a servicios básicos de agua representa un indicador ambiental fundamental.

Asimismo, la escasez de agua también repercute en el ámbito educativo. Cuando las familias dependen del acarreo de agua, las niñas presentan mayor probabilidad de abandonar la escuela en comparación con los niños, pues el tiempo dedicado a recolectar agua reduce el tiempo disponible para educación y desarrollo personal, lo cual puede llevar a que niñas reduzcan asistencia escolar o abandonen la escuela.[3] La tasa de asistencia escolar femenina en hogares sin acceso a agua potable permite medir este efecto. Asimismo, la falta de infraestructura adecuada de agua y saneamiento en los centros escolares afecta la permanencia de las adolescentes, especialmente durante la menstruación[4]. De esta manera, la escasez hídrica se convierte en un obstáculo estructural para la igualdad educativa.

Por otro lado, desde la perspectiva sanitaria, los efectos también son diferenciados. Transportar agua a largas distancias expone a las mujeres a lesiones musculares y posibles complicaciones durante el embarazo debido al alto peso que se ven obligadas a mover[5]. Además, el contacto con fuentes contaminadas incrementa la incidencia de enfermedades hídricas, afectando principalmente a mujeres embarazadas y niñas pequeñas[6]. En este contexto, la prevalencia de enfermedades relacionadas con el agua desagregada por sexo y localización geográfica constituye un indicador ambiental relevante.

En muchas comunidades rurales o urbanas cuando el agua escasea, son las mujeres quienes encuentran la forma de que alcance. Son ellas quienes caminan por ella, la cargan, la almacenan y la administran para que la vida cotidiana continúe. A través de estas tareas invisibilizadas, las mujeres sostienen el acceso al agua para millones de hogares.

Reconocer esta realidad es fundamental para comprender la dimensión social de la crisis hídrica. Las mujeres no solo enfrentan de manera desproporcionada los impactos de la falta de agua, también son quienes sostienen gran parte de su gestión cotidiana en hogares y comunidades. Sin embargo, su participación sigue siendo limitada en los espacios donde se toman decisiones sobre su distribución, infraestructura y gobernanza.

Al final del día lo que hace falta es reconocer el trabajo de las mujeres que sostienen el agua. Reconocer el trabajo que realizan todos los días y abrir más espacios para que participen activamente en las decisiones sobre el agua es clave para construir sistemas hídricos más justos, sostenibles y equitativos.

Porque si durante generaciones las mujeres han sostenido el agua en la vida diaria, también deben formar parte de las decisiones que definen nuestro futuro.

 

 

Referencias.

[1] World Health Organization, & UNICEF. (2023). Progress on household drinking water, sanitation and hygiene 2000–2022: Special focus on gender.

[2] Ibídem.

[3] UNICEF DRC. (2019). Social impacts of rural water harvesting on girls. UNICEF.

[4] UNICEF. (2024). Progress on drinking water sanitation and hygiene in schools 2015-2023: Special focus on menstrual health.

[5] American Pregnancy Association. (s. f.). Lifting while pregnant: Risks and safe techniques.

[6] World Health Organization. (2019). Drinking-water.

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