Dediqué mi vocación y entusiasmo profesional a la gestión del agua y las cuencas. Quizás esta vocación vino desde el momento que pase mis mejores momentos de juventud al lado de los ríos que abastecen de agua a Lima, notablemente el rio Chillón, el río Lurín y el río Santa Eulalia afluente del Rímac. Cada fin de semana en invierno, si posible, lo mejor era salir de la gris ciudad a buscar el sol y meterse a las aguas, en esos tiempos cristalinas y llenas de vida de esos ríos cordilleranos, en el cual construía pequeños embalses con las manos para lograr alcanzar un volumen adecuado para remojarse.