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La Ciudad de México, entre la inundación y la escasez

13 septiembre 2017

12 de septiembre de 2017
Fuente: Animal Político
Nota: Saúl Rodríguez

En la Ciudad de México (CDMX) cada temporada de lluvias sucede lo mismo: el sistema de drenaje se satura provocando encharcamientos, inundaciones y el desquicio de sus habitantes. Con el regreso de la capital a su condición de lago no es de sorprendernos el colapso de las vialidades, de la red de transporte público y hasta de las operaciones del aeropuerto. Como consecuencia, actividades tan cotidianas como regresar a casa se convierten en un suplicio.

Hay diversas alternativas para evitar las inundaciones en la ciudad, desde obras de infraestructura (que aunque necesarias implican un importante gasto y tiempo para su desarrollo), hasta la instalación de sistemas de captación de agua de lluvia. Esta última opción resulta especialmente atractiva porque disminuye la presión sobre el sistema de alcantarillado, no requiere de una gran inversión ni largos tiempos de instalación, y podría ayudar a resolver el problema de la escasez de agua en temporada seca.

¿Cuánto, dónde y cuándo llueve en la Ciudad?

En la zona urbana de la CDMX cada año caen en promedio poco menos de 600 millones de metros cúbicos de agua[i], esto es 2.1 veces el volumen promedio suministrado anualmente por el Sistema Cutzamala, el cual representa 27 % del suministro que recibe la ciudad.

Al comparar la precipitación promedio con la registrada en las casi 80 estaciones meteorológicas distribuidas a lo largo de la CDMX, se identificaron diferencias importantes entre cada zona. Por ejemplo, en los sectores con niveles altos de precipitaciones, la lluvia promedio es 40 % mayor que la que cae en promedio en la ciudadi y duplica la registrada en zonas con un nivel bajo. Lo anterior significa que sin salir de la capital se pueden encontrar desde colonias con clima subhúmedo, similar al de un bosque, hasta otras con clima seco.

Las zonas con nivel alto y medio alto se concentran en las delegaciones Álvaro Obregón, Cuajimalpa, Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo y Tlalpan, mientras que las de nivel de bajo y medio bajo se agrupan en Gustavo A. Madero, Iztacalco, Iztapalapa y Venustiano Carranzai. Irónicamente, la mayoría de las colonias identificadas con alto riesgo de inundación por el Sistema de Aguas se ubican en el norte y noreste de la ciudad, donde el nivel de precipitación es bajo. Esto se puede deber, en parte, a que son zonas con una elevación menor o a una capacidad insuficiente del drenaje.

Aunque las zonas de nivel alto o medio alto de precipitación ocupan el 38 % de la superficie urbana, reciben casi la mitad del agua de lluvia. Caso contrario a las zonas con nivel bajo o medio bajo que concentran casi el 50% de la superficie y donde cae 38 % de la lluvia i.

Imagen: tomada de Animal Político

Las lluvias se concentran en ciertas zonas, pero también en ciertos meses. En la temporada de lluvias, de junio a septiembre, cae el 76 % del agua pluviali. Julio es el mes con más días lluviosos del año (20 de 31 días en promedio), mientras que en diciembre solo llueve un día en promedioi. Durante la temporada de lluvias no sólo aumenta la frecuencia de las precipitaciones, sino también la intensidad: prácticamente cae el doble de agua cada vez que llueve.

Imagen: tomada de Animal Político

¿Cómo beneficiaría a la Ciudad de México aprovechar el agua de lluvia?

La mitad del año la prioridad en la CDMX es cómo traer agua (cada vez de más lejos o de pozos más profundos) y la otra mitad es cómo sacarla. ¿Por qué no cambiar los objetivos y buscar que el agua de lluvia se quede y sirva en las actividades diarias de hogares, industria y comercios? Así, ahorraríamos los costos asociados a sacar el agua de la ciudad, procesarla y traerla de regreso.

En un día promedio de lluvia en junio podrían caer 7 millones de metros cúbicos de agua en la ciudad, cantidad suficiente para inundarla casi 9 centímetrosi. Cada litro almacenado en una cisterna se traduce en agua que no llegará a la red de drenaje, por lo menos no sin ser aprovechado previamente o durante el tiempo de mayor estrés para la red.

El almacenamiento y potencial uso del recurso hídrico significa un alivio tanto para el sistema de drenaje como el de agua potable. No tener que bombear agua desde Michoacán o de los acuíferos para abastecer a la CDMX implica un ahorro de 10.6 pesos por metro cúbico para la capital. Una casa con un techo de 120 m2 en una zona con un nivel de precipitación alto podría llegar a captar hasta 128 mil litros de agua, volumen equivalente a 6,387 garrafones de agua, y un ahorro potencial para la red de $ 1,354 pesosi. Puede que instalar un sistema de captación de agua de lluvia no haga independiente a un hogar de la red de abastecimiento, pero representa beneficios importantes para la ciudad: disminución de inundaciones y encharcamientos, con todos sus costos, y permitir la recarga de los acuíferos.

Evitar la sobreexplotación de los acuíferos es vital para la sustentabilidad hídrica de la ciudad. De mantener el ritmo actual de consumo, se espera que para 2025 el 35 % de las colonias capitalinas reciban agua por tandeo diario y 20 % por tandeo semanal, cifras que en 2010 eran del 15 y 10%. La recarga también ayudaría a frenar el hundimiento de la CDMX (que en promedio es de 15 centímetros anuales, aunque en algunas zonas llega a más del doble). Los hundimientos además de afectar las construcciones provocan la fractura de tuberías, lo que explica en parte por qué para que llegue un litro de agua al usuario final, es necesario extraer 1.4 litros.

¿Cómo incentivar la captación de agua de lluvia en la Ciudad de México?

  1. Generar y transparentar información. Saber cuánto, cuándo, dónde y quién consume el agua con detalle es básico para determinar el costo del recurso hídrico de manera más precisa, información vital para toma de decisiones, desde la construcción de infraestructura hasta la fijación de tarifas. Para generar estos datos es necesario aumentar la micromedición en la ciudad, lo que significa medir los volúmenes de agua de manera individual por toma. A 2015, el 61, 79 y 79 % de las tomas en vivienda, comercio e industria, respectivamente, cuentan con este tipo de medición.
  2. Aumentar la eficiencia en el cobro. Si se quieren disminuir las pérdidas actuales en el suministro, que ascienden a 42 %, la renovación, mantenimiento y construcción de infraestructura son vitales. Aún con un subsidio sobre la tarifa de casi la tercera parte del costo de producción, uno de cada cinco usuarios no pagan por el agua que consumen y el 71 % de los que sí lo hacen, pagan a destiempo. El cobro del consumo es clave para financiar las obras que la capital requiere.
  3. Redirigir subsidios hídricos. En lugar de emplear recursos en mantener una tarifa subsidiada, ¿por qué no invertirlos en financiar el aumento de la eficiencia operacional del sistema? Asumiendo que la ciudad absorbiera el 100% de la inversión en equipo (mismo que incluye filtros para potabilizar el agua) y tomando en cuenta sólo el costo de operación del sistema (10.6 pesos por metro cúbico entregado al usuario), se requieren en promedio poco más de 12 añosi para que el Gobierno de la entidad recupere su inversión inicial, periodo que se acorta en caso de incluir los costos generados por inundaciones, hundimientos, entre otros, o implementar esquemas para compartir el costo con el usuario.
  4. Premiar la eficiencia en el consumo. Contar con información desagregada permitiría conocer la eficiencia en el consumo de cada zona de la capital. Como incentivo para aumentar o mantener esa eficiencia, se propone crear un fondo con parte de los ahorros generados al gobierno de la entidad por el consumo eficiente de los recursos hídricos y que sea gastado en beneficio de las zonas con alta eficiencia hídrica.

* Saúl Rodríguez es Investigador del @IMCO.

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[i] Estimación propia con datos históricos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y la superficie urbana de la Ciudad de México (Encuesta Intercensal 2015, Instituto Nacional de Estadística y Geografía).

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