Agua y biodiversidad

09 noviembre 2017 Agua

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Hablar de la biodiversidad y el agua puede parecer redundante. Por un lado la vida no es posible sin agua, y por el otro su calidad es condición primaria para el funcionamiento de los ecosistemas y la preservación de las especies. Sin embargo, estos son también indispensables para mantener el ciclo del agua. ¿Entonces los ecosistemas son usuarios del agua, o son proveedores? La idea general es que la salud de los ecosistemas es condicionante para sostener nuestras actividades productivas. Esto es cierto, pero las relaciones que mantienen los ecosistemas y su biodiversidad con la sociedad son mucho más complejas.

La biodiversidad en un sentido amplio se refiere fundamentalmente al número, variedad y variabilidad de los organismos vivos. El término puede aplicarse a la variabilidad genética dentro de una especie, a diferentes  especies o a los diferentes ecosistemas en una región. Y abarca también la forma en que cambia de un lugar a otro y con el paso del tiempo[1].

En el mundo están descritas alrededor de 1.2 millones de especies[2]; lo cierto es que la diversidad global es tal que no se han descrito todas aún; se ha estimado que existen entre 7.4 y 10 millones de especies.

Aproximadamente el 70 por ciento de la diversidad de ecosistemas, especies y genes se concentra en sólo 17 países (algunos plantean incluso que son 12) a los que se ha llamado países megadiversos. Pero la distribución de la biodiversidad es aún más irregular; existen en el planeta sitios —hot-spots— con características que han permitido que la evolución ocurra sin muchos impedimentos, lo cual favorece la aparición de nuevas variedades y especies. A nivel terrestre se han identificado 34 hot-spots que representan el  2.3 por ciento de la superficie total, sin embargo debido principalmente a las actividades que desarrollamos como sociedades estos sitios tienen un alto grado de amenaza de pérdida de hábitat,  lo cual sin duda no es una buena noticia.

México es el cuarto país en biodiversidad entre los países megadiversos[3], ocupa este lugar aun cuando se ha sugerido que faltan por describir 3.3 veces más especies de las que hasta ahora conocemos[4].

Porqué nos importa la biodiversidad

Conservar la biodiversidad no se busca sólo para evitar extinciones y pérdida de ecosistemas, no es meramente una cuestión ética o de conciencia ambiental. La biodiversidad es un elemento clave para el bienestar social y brinda beneficios directos e indirectos a nuestra sociedad. Entre los directos podemos destacar la alimentación pues más del 80 por ciento de nuestra dieta se compone de plantas; la salud por la gran cantidad de población que utiliza la medicina tradicional y por el hecho de que de las plantas se extrae el principio activo de fármacos; como proveedora de materias primas en general; y en términos monetarios la biodiversidad puede convertirse en forma de ingreso y es fundamental para el desarrollo de actividades como la pesca o bien el turismo. Por ejemplo en México el turismo en áreas naturales protegidas, genera una ganancia mayor a 550 millones de dólares anuales[5].

Cañón del sumidero, Chiapas México.

De manera indirecta, la biodiversidad aporta beneficios por los llamados servicios ambientales. Si bien los ecosistemas mantienen sus procesos naturales, en el contexto actual de degradación ambiental estos se han deteriorado también. Sin embargo,  ahora somos más conscientes de los beneficios que nos representan. Uno de los beneficios más elementales de los ecosistemas es el suministro de agua para todos los usos y el mantenimiento de su calidad, pero existen algunas otras aportaciones que brindan los  ecosistemas cuando se encuentran funcionalmente intactos[6]:

  • Mitigación de inundaciones, porque amortiguan el flujo de avenidas, reduciendo el daño por inundaciones.
  • Mitigación de sequías, porque absorben el agua de lluvia, desaceleran el escurrimiento y ayudan a la recarga subterránea.
  • Mantenimiento de zonas costeras, porque los flujos de agua dulce mantienen los gradientes de salinidad, críticos para la biodiversidad de los ambientes costeros, y para la calidad del agua.
  • Actividades recreativas, porque son sitios para nadar, pescar, contemplar la vida silvestre, etcétera.
  • Purificación de agua, los humedales —por ejemplo, los manglares— filtran y rompen contaminantes, lo que favorece la calidad del agua.
  • Servicios de sumidero, porque absorben y neutralizan contaminación.
  • Mantenimiento de la fertilidad del suelo, los sistemas de los deltas de río renuevan constantemente la fertilidad de los suelos aledaños.

Además de provisión de hábitat,  distribución de nutrientes, reducción de la erosión y el valor espiritual, estético y cultural que revisten.

Si bien muchas de las actividades productivas, se han desarrollado sin considerar la pérdida de biodiversidad y la alteración de los ecosistemas. La cuestión substancial es que los costos que involucran esta pérdida o alteración, normalmente son mayores a los beneficios obtenidos. Adicionalmente mientras los primeros son soportados por la sociedad, los segundos son preponderantemente para quienes llevan a cabo las actividades productivas[7]; en este sentido se socializan los costos y se privatizan los beneficios. La biodiversidad es parte del funcionamiento de los ecosistemas, por tanto su pérdida también representa la pérdida de beneficios que proveen.

La biodiversidad dulceacuícola mexicana

Este apartado no está escrito con intención de deprimir a nadie. Hecha esta aclaración, hay que mencionar que todos los indicadores respecto a la biodiversidad muestran un escenario preocupante. Actualmente, la lucha que se sostiene en términos de conservación, no es por frenar la pérdida de biodiversidad, sino por lograr una reducción significativa del ritmo actual de pérdida…”, pero esto también está lejos de conseguirse.

A nivel global se han identificado cinco presiones principales que repercuten en la pérdida de la biodiversidad: el cambio de hábitat, la sobreexplotación, la contaminación, las especies exóticas invasoras y el cambio climático. Todas éstas se han intensificado o mantenido constantes. Por otra parte, es común evaluar el estado de la biodiversidad estudiando las especies y los ecosistemas. En ambos casos, los sitios más perjudicados y también los más vulnerables son los ecosistemas dulceacuícolas. En México son los peces[8] el grupo con mayor cantidad de especies extintas, al menos 37, y los anfibios son el grupo con más especies cuya extinción está por ser confirmada, 29 especies[9]. Si bien estos grupos taxonómicos son los que presentan los números más críticos, no son los únicos amenazados, las especies de mamíferos dulceacuícolas, son pocas y todas están en riesgo.

Ajolote rosado (Ambystoma rosaceum), especie endémica en riesgo y sujeta a protección especial (NOM-059-SEMARNAT-2010).

Adicionalmente, todas las especies de anfibios presuntamente extintas en el país son endémicas. Es decir se distribuyen sólo en México. Su fisiología y conducta se ha desarrollado en relación estrecha con las características biofísicas de su entorno específico; en este sentido son altamente especializadas. De hecho, del total de especies extintas en México, más de la mitad eran endémicas y su pérdida ya es definitiva.

De esta forma los cambios y tendencias en las poblaciones de especies endémicas y algunas otras en riesgo de extinción, son utilizadas como indicadores; una manera básica de monitorear y dar seguimiento a la pérdida de biodiversidad[10].

Entre las múltiples causas de ésta pérdida, la contaminación y la introducción de especies exóticas invasoras son tal vez las principales. De acuerdo con la Semarnat cada segundo se derraman más de 260 mil litros de aguas residuales sin tratamiento. Además, el consumo de plaguicidas es al menos de 50 mil toneladas anuales, y el de fertilizantes de 4.5 millones de toneladas. Por último, cerca de 4 mil toneladas anuales de hidrocarburos se derramaron en aguas continentales durante el periodo 2010-2015[11]. A esto podemos agregar los impactos que generan los megaproyectos hidráulicos, en términos de contaminación, además de la reducción del hábitat.

Adicionalmente la falta de ejecución de programas y acciones de política pública repercute también en la contaminación; en 2016 no se evaluó la calidad del agua en 371 de los 653 acuíferos; se vigilaron las extracciones del subsuelo del 1.7 por ciento de los más de 275 mil concesionarios registrados, y no se inspeccionaron las descargas de aguas residuales en 5 de cada 6 acuíferos; se implementaron dos de trece proyectos de recarga artificial; no se publicaron 99 decretos de veda y 234 reglamentos para la protección de 333 cuerpos de agua; tampoco se consideró el establecimiento de declaratorias de rescate y reserva del recurso en los cuerpos que presentaron las condiciones para esto[12].

Por otra parte las especies exóticas invasoras también han tenido impactos considerables en México. Se dice que una especie es exótica o introducida, cuando es ajena al entorno en que se encuentra; cuando además las características del medio al que llega son aptas para que  se establezca y su población crezca, llega al punto en que desplaza o elimina a otras especies nativas, entonces se vuelve también  invasora.

Las especies invasoras pueden o no, ser ajenas al entorno en cuestión; comúnmente cuando este entorno ha perdido su dinámica original, carecen de competidores y depredadores; encuentran las condiciones para colonizar el lugar, su población crece con limitantes mínimas y, por tanto, repercuten seriamente en las relaciones ecológicas del mismo. En México se ha estimado que hay 118 especies de peces y 59 plantas acuáticas invasoras; aunque hay que mencionar que del total de especies exóticas invasoras conocidas en el país, cerca de 800, más del 85 por ciento son plantas[13].

Un caso emblemático y bien documentado para México es el del pez diablo, una especie brasileña que  se vio por primera vez en el río Mezcala, Guerrero y ahora se ha documentado su presencia  en al menos quince estados. Esta especie prácticamente no tiene depredadores, su alimentación es a base de algas, micro-algas,  bacterias que se encuentran en el lecho de ríos y embalses, lo que reduce el área de desove o alimentación de otras especies, además de ingerir sus huevecillos. Por otra parte se reproduce indiscriminadamente, deposita entre mil y 18 mil 700 huevos en cada ocasión y tiene múltiples desoves en su vida, que puede ser hasta de cinco años. Para depositar sus huevecillos cavan túneles de entre cincuenta y cien centímetros, con un diámetro aproximado de diez centímetros —similar a su ancho— en laderas de los ríos o lagos. Esto las deja expuestas a la erosión y cuando se desgajan aportan sedimentos, que disminuyen  la transparencia del agua, afectan la fotosíntesis y modifican en consecuencia la calidad del agua[14].

Pez diablo o pleco (Pterygoplichthys spp.)

En el embalse El Infiernillo en Michoacán, uno de los más afectados por la presencia del pez diablo, se realizaba la pesca más importante de agua dulce del país; que aportaba 20 mil toneladas anuales. Ahora el 80 por ciento de ésta, ha sido sustituida por esta especie que no es comercial; 3,600 pescadores quedaron desempleados, y las pérdidas monetarias se estiman en 36 millones de pesos anuales[15].

Instrumentos y prácticas para la conservación

En  la última la Conferencia de las Partes (COP 13) de Convenio sobre Diversidad Biológica celebrada en Cancún en diciembre pasado[16], México asumió compromisos importantes, que además de repercutir en la conservación de las especies tendrán impacto directo en la conservación de los ecosistemas y el agua. Entre otros, se suscribió un acuerdo entre la Semarnat y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) para buscar concordancia entre las políticas de subsidio al campo y las de conservación, y se  se anunció el decreto de cuatro nuevas áreas naturales protegidas (ANP).

Si bien incrementar el número de ANP parecería una buena noticia, las ANP no han conseguido del todo una aplicación efectiva de los decretos en el ámbito práctico. La mayoría no cuentan con vigilancia, ni siquiera con planes de manejo que contribuyan a una conservación efectiva de los ecosistemas.

Adicionalmente los instrumentos de gestión ambiental que se utilizan para fijar condiciones ambientales —como las normas oficiales de límites permisibles de contaminantes—; para prevenir los impactos de proyectos y actividades —como las evaluaciones de impacto ambiental—; y para modificar patrones de comportamiento de los actores económicos —como las certificaciones—, tampoco han logrado salvaguardar en su totalidad la dinámica de los ecosistemas. Sin ahondar en su revisión[17], está claro que hay mucho por hacer para lograr una consolidación efectiva de los objetivos de conservación y uso de la biodiversidad en el país.

Aun cuando hay muchos temas que no retomamos en esta editorial [18] , un instrumento novedoso específico para ecosistemas dulceacuícolas, es el caudal ecológico, que establece la calidad, cantidad y régimen del flujo de agua requerido para mantener los componentes, funciones, procesos y la resiliencia de los ecosistemas acuáticos que proporcionan bienes y servicios a la sociedad[19]. Ésta metodología determina una cantidad mínima de agua que debe fluir por una fuente superficial;  establece condiciones al ejercicio de los derechos de aprovechamiento del agua considerando a la naturaleza como una prioridad. Además, puede tener objetivos específicos como conservar especies protegidas, restaurar secciones de un río, mantener zonas ribereñas para efectos del paisaje, etcétera[20].

Actualmente ya existe una norma mexicana para la determinación del caudal ecológico; ésta ha permitido decretar una nueva figura para el manejo y aprovechamiento del agua en México, las reservas de agua. Esta figura jurídica garantiza un volumen de agua para el uso ambiental o de conservación ecológica en una cuenca hidrológica. Sin embargo en la práctica solo existen 2 reservas de agua decretadas en México por lo que aún falta mucho por hacer.

Los ciudadanos debemos estar conscientes de las distintas prácticas que podemos adoptar para conservar la biodiversidad y preservar su función primordial en la conservación del agua. Entre estas es posible apoyar a las comunidades que ofrecen servicios de turismo alternativo, en concordancia con las características naturales de su entorno; transitar hacia el uso de ecotecnias —que fomentan un manejo adecuado de los recursos—, tanto urbanas como rurales, es fundamental no sólo para la conservación de los ecosistemas y el agua, sino también bajo el contexto del cambio climático —otro de los factores clave de pérdida de biodiversidad—. Por otra parte, debemos dejar de entender la cultura del agua como “la cultura del cuidado y el ahorro”, es importante profundizar en las formas en que se relacionan los procesos económicos y naturales; resarcir las relaciones entre cultura, sociedad y naturaleza.

Debemos ser conscientes del papel primordial que juega la biodiversidad en nuestra vida cotidiana y asumirnos como parte integral de los ecosistemas. Si todo lo que sabemos sobre los beneficios de la biodiversidad proviene del mínimo porcentaje de especies que conocemos, suponga lo que nos falta descubrir.

Finalmente, es importante asumir el cuidado de agua como algo propio, y participar activamente en su gestión; así nos estaremos involucrando, consecuentemente con la biodiversidad,  los ecosistemas y el agua, lo cual es imprescindible en términos de sustentabilidad.

Referencias

[1] UNEP. 2005. Biodiversidad – el Consenso Científico. Resumen del informe de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio. La definición presentada se basa en la adoptada en el Convenio sobre Diversidad Biológica en 1992: “la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros sistemas acuáticos, y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas”. Cabe recalcar que el término es un neologismo empleado por primera vez por E. O. Wilson como sinónimo de diversidad biológica.

[2] Mora, C., D.P. Tittensor, S. Adl, A.G.B. Simson y B. Worm. 2011. How Many Species Are There on Earth and in the Ocean? PLOS Biology.

[3] http://www.biodiversidad.gob.mx/pais/pdf/CapNatMex/Vol%20I/I01_Elconocimientobiog.pdf

[4] Martínez-Meyer, E., J.E. Sosa-Escalante y F. Álvarez. 2014. El estudio de la biodiversidad en México: ¿una ruta con dirección? Revista Mexicana de Biodiversidad, Supl. 85: S1-S9. DOI: 10.7550/rmb.43248.

[5] CNDH, 2016. Biodiversidad y derechos humanos.  Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

[6] Ruelas-Monjardín, L.C., M. Chávez-Cortes, V.L. Barradas-Miranda, A.M. Octaviano-Zamora y L. García-Calva. 2010. Uso ecológico. En Jiménez et al. (eds.) El agua en México: Cauces y encauces. Academia Mexicana de Ciencias; Conagua.

[7] UNEP. 2005. Op cit.

[8] Los peces dulceacuícolas son el 18 por ciento del total de peces. En México se conocen un poco más de 500 especies, de éstas aproximadamente 350 pueden tolerar por tiempos variables los ambientes costero-marinos. Del total de especies al menos 37 por ciento encuentran en alguna categoría de riesgo de acuerdo a la Nom-059-Semarnat-2010.

[9] Baena M.L. y G. Halffter. 2008 Extinción de especies. En Soberon et al. (comps.). Capital Natural en México. Vol I: Conocimiento actual de la biodiversidad. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

[10] En el país se estima que un 57 por ciento de los peces dulceacuícolas son endémicos. Las cuencas y regiones con los porcentajes más altos de estas especies son: laguna de Chichancanab (85 %), río Lerma-Santiago (66 %), laguna de la Media Luna (65 %), Tunal (62 %), pozas de Cuatro Ciénegas (50 %), Pánuco (40 %), Usumacinta-Grijalva (36 %) y Balsas (35 %), entre otras.  Por otra parte, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) señala que entre las especies dulceacuícolas en riesgo se encuentran al menos el 40 por ciento de los peces, el 30 por ciento de los anfibios, aunque otros estudios consideran un 43 por ciento de anfibios. Véase Biodiversidad de peces en México, Biodiversidad de anfibios en México.

[11] SEMARNAT. Indicadores Básicos del Desempeño Ambiental – Biodiversidad – Acuáticos. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. (https://datos.gob.mx/busca/dataset/indicadores-basicos-del-desempeno-ambiental–biodiversidad–acuaticos).

[12] Noria, G. 2017. Agua, transparencia y rendición de cuentas. Ponencia presentada en el “Foro Gestión Integral del Agua en México”. Fondo para la Comunicación y la Educación Ambiental.

[13]Mendoza-Alfaro, R.E. y P. Koleff-Osorio (coords.). 2014. Especies acuáticas invasoras en México. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad.

[14] Vega-Rodríguez, B.I., L.A. Ayala-Pérez, G.J. Terán-González, G.E. Martínez-Romero, y J.A. Chávez-Valadés. 2016. El Pez Diablo en México: Protocolo de prevención, respuesta rápida y control. UAM-Xochimilco, CONANP y PROCER.

[15] Parpal, J. 2017. El costo de la atención de especies exóticas invasoras en México. (Ponencia). Comisión Nacional para el uso y conocimiento de la Biodiversidad.

[16] Naciones Unidas. 2016. Declaración de Cancún sobre integración de la conservación y la utilización sostenible de la biodiversidad para el bienestar (COP13). Cancún, México.

[17] Podemos hablar a grandes rasgos de los instrumentos de comando y control, que son la forma clásica de hacer cumplir la ley (como las normas oficiales mexicanas [NOM]); los instrumentos administrativos (como la licencia ambiental única, los plantes de manejo ambiental y las evaluaciones de impacto ambiental, las unidades de manejo ambiental); y los instrumentos económicos ambientales (como los subsidios forestales, el pago por servicios ambientales, la certificación forestal y de productos agropecuarios orgánicos, las certificaciones industriales [normas ISO] y los fideicomisos para actividades sustentables.

[18] Entre otros: la biopiratería, la distribución de los beneficios de la diversidad genética, la protección de especies migratorias, los corredores biológicos, la bioprospección, la biorremediación y la gestión insular.

[19] WWF. 2010. Caudal ecológico. Salud al ambiente, agua para la gente (Factsheet). World Wildlife Fund: Fundación Gonzalo Río Arronte I.A.P.

[20] Boettiger-Philipps, C. 2013. Caudal ecológico o mínimo: Regulación, críticas y desafíos. Actas de Derecho de Aguas, Núm. 3.

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