Más allá de julio sin plástico

16 julio 2026 Agua

Redacción: agua.org.mx/Karina Bautista-Fondo para la Comunicación y la Educación Ambiental, A.C.

Investigación: Valeria A. Tapia R.-Estudiante de la licenciatura en Economía de la Universidad Iberoamericana

Foto: https://unworldoceansday.org/

¿Sueles comer pescado? Parece una pregunta sencilla y de gusto personal. Pero hoy, esa pregunta guarda algo más complejo de lo que aparenta. Cada porción puede traer consigo fragmentos de plástico tan pequeños que ya han sido detectados en tejido animal y en organismos marinos de distintas profundidades, producto directo de la contaminación plástica que hemos generado durante décadas.

Nuestra basura no desaparece cuando la tiramos, simplemente cambia de forma y de lugar[1]. Ese es el punto de partida para hablar de un tema que toca algo profundo, la relación entre lo que consumimos, lo que desechamos y lo que termina, tarde o temprano, regresando a nosotros.

El problema no es exclusivo del océano. Una reciente investigacipon sobre cuerpos de agua dulce como ríos y lagos documenta que estos ecosistemas reciben microplásticos de forma constante, provenientes de plantas de tratamiento, escorrentía urbana e incluso de las fibras sintéticas que se desprenden al lavar la ropa[2]. Es decir, el plástico no solo llega al mar desde la costa,  viene desde mucho atrás, por el agua que usamos todos los días en casa. La magnitud del problema y la variedad de sus fuentes explican por qué, en los últimos años, ha surgido un intento colectivo por frenarlo desde el lado del consumo cotidiano, un reto que se popularizó bajo el nombre de Julio sin Plástico.

Julio sin Plástico nació como una campaña de participación voluntaria, en la que las personas se comprometen durante un mes a reducir su consumo de plástico de un solo uso; popotes, bolsas, empaques y botellas, entre otros. Un estudio experimental con más de 500 participantes encontró que quienes tenían conocimiento de la campaña sí redujeron su consumo de plástico desechable, aunque de forma moderada, y que el efecto era más notorio en personas que no se identificaban previamente como ambientalistas convencidas[3]. En otras palabras, el reto no convence tanto a quien ya estaba convencido, sino que empuja a quien todavía dudaba. No es un cambio radical, pero tampoco es un dato menor, sugiere que las campañas sí logran mover algo, aunque sea de forma modesta.

Lo que resulta igual de revelador es cómo se comunica el mensaje. Un experimento realizado en Hong Kong, con más de mil participantes, mostró que los mensajes que enfatizan las pérdidas provocadas por la contaminación generan mayor disposición a reducir el consumo de plástico, al despertar emociones como la preocupación o la culpa.[4].

Ese componente emocional también se refleja en cómo la gente vive la campaña en redes sociales. Un análisis de conversaciones en redes sociales encontró que quienes participan en Julio sin Plástico no solo expresan preocupación por la contaminación marina, sino que también comparten alternativas para reducir el uso de plásticos desechables, fortaleciendo un sentido de comunidad alrededor del reto. [5]. Julio sin Plástico, no es solo una estadística de consumo reducido, vive también como una identidad compartida, un mes en el que miles de personas alrededor del mundo se sienten parte de algo más grande que ellas mismas.

Y aquí aparece la pregunta que, quizá, resulta más incómoda que cualquier otra. Una revisión recient analizó 92 estudios sobre intervenciones de comportamiento dirigidas a reducir la contaminación plástica, publicados entre 2015 y 2023, e incluyó explícitamente el caso de Julio sin Plástico, concluyó que la evidencia sobre el comportamiento humano avanza mucho más despacio que la evidencia sobre el daño ambiental que ese comportamiento provoca[6]. Sabemos, cada vez con más detalle, cuánto plástico hay en el agua y qué le hace a la vida marina y a nuestro propio cuerpo. Lo que todavía no sabemos con la misma claridad es qué intervenciones logran cambiar el hábito a una escala que realmente compense la velocidad con la que generamos ese daño.

La ciencia ha sido contundente al mostrar que los microplásticos ya están en ríos, mares y organismos vivos[7], mientras que la ciencia del comportamiento apenas empieza a entender qué combinación de mensajes, campañas y hábitos cotidianos logra traducirse en una reducción sostenida, no solo estacional, del plástico que producimos. Julio sin Plástico no resuelve el problema por sí solo, ningún reto de 31 días podría hacerlo frente a una crisis que se mide en millones de toneladas al año. Pero sí demuestra algo valioso, que la conversación pública puede moverse, y que preguntas tan simples como qué comemos o qué tiramos pueden abrir la puerta a decisiones que, sumadas, empiezan a importar.

Vivir sin plásticos en nuestra vida contemporánea resulta casi imposible, pero reducir su consumo sí es una decisión al alcance de muchas personas. El verdadero reto no es completar 31 días sin plástico, sino cuestionar los hábitos que damos por normales y mantener esos cambios cuando el calendario deje de recordárnoslo. Porque la diferencia no la hace un mes de buenas intenciones, sino una sociedad que decide convertir pequeñas acciones en una nueva forma de vivir.

 

Referencias

[1]Karak, S., Parveen, N., Modak, S., Adhikari, S., & Chakrabortty, S. (2025). Microplastic Pollution: A Global Environmental Crisis Impacting Marine Life, Human Health, and Potential Innovative Sustainable Solutions. International Journal of Environmental Research and Public Health, 22(6), 889.

[2]Bhardwaj, L. K., Rath, P., Yadav, P., & Gupta, U. (2024). Microplastic contamination, an emerging threat to the freshwater environment: a systematic review. Environmental Systems Research, 13, art. 8.

[3]Heidbreder, L. M., Steinhorst, J., & Schmitt, M. (2020). Plastic-Free July: An Experimental Study of Limiting and Promoting Factors in Encouraging a Reduction of Single-Use Plastic Consumption. Sustainability, 12(11), 4698.

[4]Skoric, M. M., Zhang, Y., Kasadha, D., Tse, D., & Liu, W. (2022). Reducing the Use of Disposable Plastics through Public Engagement Campaigns. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(14), 8273.

[5]Heidbreder, L. M., Steinhorst, J., Wittstock, A., & Schmitt, M. (2021). #PlasticFreeJuly, Analyzing a Worldwide Campaign to Reduce Single-use Plastic Consumption with Twitter.

[6]Nuojua, S., Cracknell, T., Heske, C., Pahl, S., Wyles, K., & Thompson, R. C. (2024). Global scoping review of behavioral interventions to reduce plastic pollution with recommendations for key sectors. Conservation Science and Practice, 6(8), e13174.

 

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