Higiene menstrual y la importancia del agua en este ámbito
28 mayo 2026
Redacción: agua.org.mx / Karina Bautista Tovar
Investigación: María Sabina Arguelles, estudiante de la Licenciatura en Sustentabilidad Ambiental en la Universidad Iberoamericana
La higiene menstrual es un tema fundamental para la salud, la dignidad y los derechos humanos de millones de niñas, adolescentes y mujeres en el mundo. La menstruación es un proceso biológico natural, sin embargo, aún existen numerosos estigmas, desigualdades y carencias relacionadas con ella. Muchas personas menstruantes no cuentan con acceso adecuado a productos de higiene, información confiable, baños seguros o agua potable suficiente para gestionar su menstruación de manera digna y saludable[1].
El agua juega un papel esencial en la higiene menstrual, ya que permite mantener la limpieza corporal, lavar productos reutilizables, higienizar las manos y asegurar espacios sanitarios adecuados.[2] Sin acceso al agua y saneamiento, la menstruación puede convertirse en una experiencia de riesgo, vergüenza y exclusión social[3]. Organizaciones internacionales como UNICEF y UNESCO han señalado que la falta de infraestructura de agua, saneamiento e higiene afecta directamente la salud, educación y bienestar de millones de personas menstruantes alrededor del mundo.
Además, la pobreza menstrual continúa siendo una problemática grave. Esta se refiere a la falta de acceso a productos menstruales, instalaciones sanitarias adecuadas, educación sobre salud menstrual y agua limpia.[4] Esto demuestra que la higiene menstrual no es solamente un tema de salud, sino también de igualdad de género, educación y justicia social.
De acuerdo con la UNICEF en México, el 43% de niñas y adolescentes prefieren quedarse en casa en lugar de asistir a la escuela durante su periodo menstrual.[5] Esta situación puede provocar ausentismo escolar y afectar su aprendizaje y participación social. Asimismo, reporta que solamente el 16% de las niñas y adolescentes mexicanas cuentan con conocimientos precisos sobre menstruación, mientras que entre los hombres adolescentes la cifra disminuye al 5%. Además, únicamente el 5% de los padres hablan sobre menstruación con sus hijas[6]. Estas cifras reflejan la falta de educación menstrual y los tabúes que aún existen alrededor del tema.
El acceso al agua y saneamiento también representa un gran desafío. De acuerdo con UNICEF México, solamente el 62% de las escuelas en México disponían de agua todos los días de la semana; además, el 58% no ofrecía agua potable y el 19% carecía de suficientes inodoros para estudiantes[7]. Estas condiciones dificultan enormemente que las adolescentes puedan manejar su menstruación de forma segura y digna dentro de las escuelas.
La Organización de las Naciones Unidas ha reconocido que el acceso al agua y saneamiento es un derecho humano. UNICEF WASH señala que la falta de agua potable y servicios sanitarios adecuados afecta principalmente a poblaciones vulnerables, especialmente niñas y mujeres[8]. La falta de higiene menstrual adecuada puede tener consecuencias físicas y emocionales. La ausencia de agua limpia y espacios seguros aumenta el riesgo de infecciones, estrés, ansiedad y discriminación[9]. Según la UNESCO, la educación menstrual debe incluir información científica, acceso a materiales seguros y capacitación para docentes y comunidades[10].
En América Latina, el problema también se relaciona con la pobreza. Datos citados por organismos internacionales indican que el 12% de las mujeres no puede costear productos de higiene menstrual y que aproximadamente el 30% de las escuelas carecen de servicios básicos de agua y saneamiento[11]. Esto demuestra cómo las desigualdades económicas afectan directamente la salud menstrual.
Relación social de esta problemática
Aunque la higiene menstrual puede parecer un tema específico de un grupo poblacional, en realidad se trata de una problemática que atraviesa a toda la sociedad de manera directa e indirecta. La menstruación no es un asunto aislado, sino un proceso biológico que forma parte de la vida de millones de personas (más de la mitad de la población mundial), por lo que las condiciones en las que se vive tienen repercusiones en el bienestar colectivo, la equidad social y el desarrollo humano.
Cuando existen barreras para una gestión menstrual digna como la falta de agua potable, infraestructura sanitaria adecuada o productos de higiene accesibles se generan desigualdades que afectan principalmente el acceso a la educación. Estas situaciones no solo limitan oportunidades individuales, sino que reproducen brechas sociales ya existentes, reforzando ciclos de desigualdad que afectan al conjunto de la sociedad.
El acceso al agua, en este contexto, adquiere una relevancia central. No se trata únicamente de un recurso básico para la vida cotidiana, sino de un elemento esencial para garantizar la salud, la higiene y la dignidad durante la menstruación. La escasez de agua limpia o la falta de infraestructura adecuada no solo impacta la gestión menstrual, sino que también incrementa riesgos sanitarios y profundiza problemas ambientales y sociales más amplios. Por ello, la relación entre agua e higiene menstrual refleja la necesidad de comprender los recursos naturales como parte de los derechos humanos fundamentales.
Asimismo, la dimensión social de esta problemática se manifiesta en la persistencia de tabúes, estigmas y desinformación alrededor de la menstruación. La falta de educación integral ha contribuido históricamente a que este proceso biológico sea percibido con vergüenza o silencio, lo que limita la posibilidad de hablarlo de manera abierta y saludable.
En este sentido, la higiene menstrual debe entenderse como un asunto colectivo que requiere la participación de todos los sectores sociales. La educación menstrual inclusiva, el acceso equitativo a recursos de higiene y la eliminación de prejuicios son condiciones necesarias para construir entornos más justos, empáticos e informados. Involucrar a toda la población en la comprensión de este tema permite transformar la menstruación de un factor de exclusión a un aspecto reconocido dentro de la diversidad humana.
Después de conocer la relación entre higiene menstrual y acceso al agua, es evidente que se necesitan acciones individuales y colectivas para mejorar esta situación. En primer lugar, es fundamental promover la educación menstrual desde edades tempranas. Las escuelas deben enseñar información científica y libre de prejuicios sobre menstruación, higiene y salud reproductiva. Esto ayudaría a reducir la desinformación y los estigmas sociales.
También es necesario garantizar infraestructura adecuada en escuelas y espacios públicos. Los baños deben contar con agua potable, jabón, privacidad y recipientes para desechar productos menstruales. Sin estas condiciones, no es posible hablar de una menstruación digna. Los gobiernos y autoridades educativas tienen la responsabilidad de invertir en servicios de agua y saneamiento que beneficien especialmente a niñas y adolescentes.
Otra acción importante es combatir la pobreza menstrual. Muchas personas no pueden comprar productos de higiene debido a su costo. Por ello, algunos países y estados han comenzado a distribuir productos menstruales gratuitos en escuelas y espacios comunitarios.
En el ámbito personal, también es posible contribuir mediante el cuidado responsable del agua. Ahorrar agua, evitar su contaminación y promover prácticas sostenibles ayuda a preservar este recurso indispensable para la salud e higiene. Además, hablar abiertamente sobre la menstruación con respeto y naturalidad puede ayudar a eliminar los tabúes que todavía existen.
La sociedad también debe reconocer que la higiene menstrual es un derecho humano. No se trata únicamente de productos sanitarios, sino de dignidad, igualdad y acceso a condiciones básicas de salud. Cuando una persona no puede gestionar su menstruación adecuadamente debido a la falta de agua o recursos, se vulneran sus derechos fundamentales.
Finalmente, es importante seguir apoyando campañas, investigaciones y movimientos sociales que promuevan la salud menstrual y el acceso universal al agua potable. La educación y la conciencia social son herramientas fundamentales para generar cambios duraderos.
Referencias
[1] Secretaría de Igualdad Sustantiva y Desarrollo de las Mujeres. (2022). ¿Qué es la menstruación digna?.
[2] The World Bank. (s.f.). Menstrual health and hygiene.
[3] ONGAWA. (2025). Cooperación por la salud menstrual: barreras, impactos, propuestas y buenas prácticas.
[4] Rivera Ortiz, I. (s.f.). Tesis: Pobreza menstrual en el sistema educativo mexicano. Repositorio Institucional UDLAP.
[5] UNICEF. (s.f.). Higiene menstrual. UNICEF México.
[6] UNICEF. (s.f.). Higiene menstrual. UNICEF México.
[7] UNICEF. (s.f.). Agua, higiene y saneamiento. UNICEF México.
[8] UNICEF. (s.f.). Agua, saneamiento e higiene.
[9] González Cebrián, P. (2018, 3 de octubre). ¿Cuáles son las consecuencias de la falta de acceso al agua? iAgua.
[10] UNESCO. (2023). UNESCO and P&G Whisper launch menstrual health and hygiene management teaching-learning materials.
[11] r/Mexico_News. (2023). #NoMásEstigma a la menstruación llama la AHF en el Día de la Salud Menstrual. Reddit.
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