La comida que tiramos y el agua que no vemos

29 septiembre 2026 Agua

Redacción: agua.org.mx/Karina Bautista-Fondo para la Comunicación y la Educación Ambiental, A.C.

Investigación: Valeria Tapia – Estudiante de Economía de la Universidad Iberoamericana

Abrimos el refrigerador para guardar la compra. Al fondo aparecen unos jitomates blandos, un manojo de cilantro oscuro y un recipiente con comida olvidada. Tiramos lo que ya no sirve y hacemos espacio. Vemos los alimentos que se van a la basura; el agua utilizada para producirlos pasa inadvertida.

Cada alimento tiene una historia que empieza antes de llegar al mercado, al tianguis o al supermercado. En ella intervienen la lluvia, el suelo y, en muchos casos, el riego. Cuando la comida se desperdicia, se desaprovecha parte de ese esfuerzo. Cuidar el agua incluye mirar lo que compramos y lo que desechamos.

Según datos de diciembre de 2023, la agricultura concentra alrededor del 76% del volumen de agua autorizado para usos consuntivos, como el riego y el abastecimiento público. [1] La cifra ayuda a entender cuánto depende la producción de alimentos de este recurso. Cuando la comida termina en la basura, también se desaprovecha el agua que permitió producirla.

Una estimación del Banco Mundial calculó pérdidas y desperdicios de 20.4 millones de toneladas anuales para una canasta de 79 alimentos en México. El informe también estimó unos 40 mil millones de metros cúbicos de agua asociados a los alimentos perdidos o desperdiciados.[2]

Las pérdidas pueden comenzar en la cosecha, el almacenamiento o el transporte. El desperdicio también ocurre en comercios, restaurantes y hogares. Por eso, la respuesta necesita mejores condiciones de conservación y distribución, además de cambios en nuestras compras. El refrigerador es una parte del problema, no su único origen.

El agua que no aparece en el recibo

La huella hídrica permite describir el agua consumida y la contaminación asociada a la producción. Se distingue en tres componentes. El verde es el agua de lluvia almacenada en el suelo y consumida por las plantas. El azul es el agua de ríos, lagos o acuíferos que se consume durante el proceso. El gris expresa el volumen teórico necesario para diluir contaminantes hasta cumplir un estándar de calidad; no es agua extraída de manera efectiva.[3]

Esta distinción evita una confusión: la huella hídrica no equivale, litro por litro, a agua potable que sale de una llave. Tampoco toda el agua tiene el mismo significado ambiental. Importa su origen y la disponibilidad que existe en el lugar donde se usa.

Medio kilo de jitomate y 107 litros

Imaginemos que compramos medio kilo de jitomate para una salsa que nunca preparamos. Como referencia, un estudio de Mekonnen y Hoekstra calculó una huella hídrica media mundial de 214 litros por kilogramo de jitomate. Ese medio kilo representaría unos 107 litros de huella hídrica.[4]

De esos 107 litros, 54 corresponden al componente verde, 31.5 al azul y 21.5 al gris. La suma ayuda a hacer visible la huella del alimento, pero no representa 107 litros de agua potable recuperable. Además, el resultado puede cambiar según el clima, el rendimiento del cultivo y la forma de producir.

Lo que se desaprovecha al tirar esos jitomates es el alimento obtenido con esos recursos. Una porción pequeña, repetida semana tras semana, merece atención. Las verduras también cuentan.

¿Por qué importa el lugar donde se produce?

En un país con regiones tan distintas como México, una cifra nacional no explica todas las situaciones. El Programa Nacional Hídrico señala grandes diferencias de disponibilidad de agua entre el centro y norte del país y el sur y sureste. Por eso conviene preguntar de dónde vienen nuestros alimentos, además de cuánto cuestan.[5]

Consumir agua de riego en una cuenca con escasez tiene implicaciones distintas a aprovechar lluvia en una zona húmeda. Saber cuánto alimento se desperdicia es un primer paso; conocer cómo y dónde se produjo permite entender mejor su impacto.

Aprovechar lo comprado no devuelve al acuífero el agua ya utilizada. Sin embargo, evitar compras que acabarán en la basura puede contribuir a reducir la demanda futura de producción y de recursos. Para lograr cambios a mayor escala también hacen falta acciones de productores, comercios y autoridades.

Empieza con tu próxima compra

Antes de salir al mercado o al supermercado, revisa lo que tienes. Planea las comidas que sí podrás preparar y ajusta las cantidades. Coloca a la vista los alimentos que necesitas consumir primero. Estas decisiones ayudan a que la compra corresponda a tu semana real.

Haz la prueba durante siete días: anota qué comida tiras, cuánto y por qué. Al terminar, identifica el alimento que más se repite y cambia una decisión en tu siguiente compra. Comparte el reto con quienes viven contigo. Empieza hoy por revisar tu refrigerador y elegir qué aprovecharás en la próxima comida.

Referencias:

[1] Comisión Nacional del Agua (2026), Programa Nacional Hídrico 2026–2030, apartado 5.6, tabla 2. Datos de diciembre de 2023; volumen concesionado, no medición del consumo efectivo.

[2] Banco Mundial. (2017). Pérdidas y desperdicios de alimentos en México: Una perspectiva económica, ambiental y social.

[3] Mekonnen, M. M., & Hoekstra, A. Y. (2011). The green, blue and grey water footprint of crops and derived crop products. Hydrology and Earth System Sciences, 15(5), 1577–1600.

[4] Mekonnen, M. M., & Hoekstra, A. Y. (2010). The green, blue and grey water footprint of crops and derived crop products: Volume 1: Main report(Value of Water Research Report Series No. 47). UNESCO-IHE Institute for Water Education.

[5] Comisión Nacional del Agua. (2026, 18 de mayo). Programa Nacional Hídrico 2026–2030. Diario Oficial de la Federación.

 

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