En El Tecongo aún usan agua de lluvia, pese a vivir junto a presa

18 enero 2008

 

San José de Gracia, Ags., 17 de enero. Los 140 habitantes de la comunidad El Tecongo tienen el dudoso privilegio de vivir cerca de la mayor presa del estado. Paradójicamente, se ven obligados a tomar y usar agua de lluvia, sin potabilizar, lo que les produce frecuentemente enfermedades gastrointestinales o de la piel, según dicen.

Para llegar a esta localidad, ubicada a ocho kilómetros de la cabecera de San José de Gracia, uno de los municipios más marginados del estado, hay que tomar un camino de terracería que cruza accidentadas cañadas y bordea la presa Plutarco Elías Calles, la más grande de la entidad, con capacidad para 340 millones de metros cúbicos. Antes se tenía que tomar una lancha para llegar.

Los hombres laboran como albañiles u obreros, ya sea en la cabecera municipal o en Pabellón de Arteaga, Rincón de Romos y en la capital del estado. Unos pocos se dedican a la agricultura y a la ganadería.

La comunidad nunca ha tenido agua potable y no se prevé que la tenga a corto plazo. Mientras, se recurre a paliativos.

En enero de 2004, durante el gobierno del panista Felipe González, se construyó el sistema techo-cuenca, un dispositivo de láminas que capta agua de lluvia y la deposita en un tinaco con capacidad de un millón 400 mil litros. De ahí se distribuye a tomas comunales de donde los habitantes se abastecen.

“Seguido batallamos porque tenemos muy poca agua, pues por aquí casi no llueve. Seguido nos da vómito y nos sale salpullido”, señala Gisela de la Cruz Nájera, encargada de la Casa de Salud. “Lo único que tenemos son calmantes, para que los enfermos alcancen a llegar al centro de salud”, lamenta.

Berta Escobedo Heredia, propietaria de un estanquillo, secunda lo dicho: aquí “lo que más habemos somos mujeres y niños, y yo sé que todos tomamos agua así, sin hervir, como sale, porque cuando agarramos agua de los arroyos es cuando llueve, pero en los tres últimos años ha llovido muy poco. Entonces no hay de otra”.

Carolina Rocha Luévano, ama de casa, menciona que el agua que captan las láminas “es la que tomamos aquí las 26 familias. Todos consumimos agua. Nomás que en tiempo de calores los niños andan con diarrea, calentura y vómito, y la gente grande también anda así.

“Si alguien quiere tomar otra agua hay que ir a Paredes o a San Antonio de los Ríos –comunidades ubicadas a cuatro o cinco kilómetros– y muchas veces no hay con qué”.

José Rodríguez, agricultor de 60 años de edad, presume: “A veces vamos a un lado de la presa y hacemos pocitos para que se filtre el agua y de ahí tomamos. No la hervimos. Siempre le hemos hecho así, desde que yo estaba chico. Que yo sepa nadie la hierve y no hay mucho peligro. Sí, luego se enferma alguien por ahí, pero no muy duro”.

Honorio Lucero Campos, de 11 años, toma del bebedero de la telesecundaria donde estudia. El líquido proviene del depósito ubicado unos mil metros al sur del caserío. Lo mismo hace su compañera, Guadalupe Hernández, quien apunta: “No batallamos para tomar agua, sólo con la de gastar, para bañarnos y lavar la ropa. A veces nos bañamos dos o tres veces por semana y a jicarazos”.

Para las autoridades el problema no es tan grave. Octavio Jiménez Macías, director de Regulación y Control Sanitario del Instituto de Salud del estado, dice que al techo-cuenca “le realizamos muestreos dos veces al año” y el de julio y agosto pasados resultó negativo en coliformes fecales. En las tomas comunales, agrega, “sí nos salió con coliformes, pero el número es muy bajo y nos indica una pequeña contaminación y avisamos a la presidencia municipal para que aplicara algún mecanismo de desinfección”, agregó.

El galeno aclaró que se trabaja en todo el municipio para que por lo menos el agua no sea un factor que incida en enfermedades gastrointestinales, “y si se dan es por mal manejo de alimentos o de higiene personal.

“Por lo accidentado del terreno va ser difícil que (los pobladores) logren contar con agua potable entubada. Estamos viendo la posibilidad de que se abastezcan por medio de pipas para controlar más la calidad del agua, porque si seguimos así ya valió gorro”.

Jiménez Macías se sincera: para que las pipas lleguen de manera frecuente a Tecongo se tendrá que dialogar con autoridades del Instituto Estatal del Agua y del ayuntamiento que encabezará el panista Armando Rodríguez, lo que podría llevar más de medio año.

“Estamos esperando que la nueva administración (que rindió protesta el primero de enero) logre que se suministre agua de manera permanente. ¿Cómo? No sé, pero así tiene que ser”.

Desde casi todas las casas de El Tecongo se ve la estatua del Cristo Roto, de 25 metros de altura, erigida en abril de 2006 por el gobierno del panista Luis Reynoso Femat en la isla de la presa Calles, a un costo de 26 millones de pesos, el doble del presupuesto de ese año para el ayuntamiento de San José de Gracia.

Fuente: La Jornada

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