Al igual que ocurre en el resto del planeta, el modelo de gestión del agua en México resulta irracional: está orientado sobre todo por intereses económicos más que por los ambientales, socio-económicos y o productivos, y una evidencia clara de esto es que aun cuando el sur de la República es relativamente rico en disponibilidad de agua, la mayor proporción de la población, de la producción y por supuesto de la generación del Producto Interno Bruto está presente en la parte norte, del centro del país hacia arriba, región que implica grandes extensiones áridas y otras semiáridas.