Mujeres rurales, agricultura y agua en México

28 octubre 2026 Agua

Redacción: agua.org.mx/Karina Bautista-Fondo para la Comunicación y la Educación Ambiental, A.C.

Investigación: Inés García de Quevedo Matouk – Estudiante de Mercadotecnia de la Universidad Iberoamericana

Las mujeres rurales desempeñan un papel fundamental en la producción de alimentos. Siembran, cosechan, cuidan animales, transforman productos para su comercialización y, al mismo tiempo, realizan labores domésticas y de cuidados que sostienen la vida cotidiana de sus familias y comunidades. Sin embargo, su participación no siempre se traduce en reconocimiento, acceso a recursos o visibilidad dentro del sector agropecuario.

De acuerdo con el Censo Agropecuario 2022, de cada 100 personas productoras agropecuarias en México, solo 19 son mujeres. Entre ellas, el 47% cuenta con estudios hasta el nivel de primaria y el 19.8% no tiene escolaridad. Puebla destaca como la entidad federativa con la mayor proporción de unidades de producción dirigidas por mujeres, al concentrar el 12.8% del total nacional. Además, cerca del 75% de las productoras tienen más de 45 años.[1] No obstante, estas cifras no reflejan toda la participación de las mujeres en el campo mexicano. Que una unidad de producción esté registrada o dirigida por un hombre no significa que las mujeres estén ausentes de sus actividades. Muchas contribuyen diariamente al trabajo agrícola y ganadero sin figurar como responsables de estas unidades.[2] Esta distinción es importante porque nos recuerda que el trabajo de las mujeres en el campo va mucho más allá de lo que muestran los registros oficiales.

Estas desigualdades también se reflejan en el acceso y el control de los recursos. El agua, por ejemplo, es indispensable para las mujeres rurales: la utilizan para regar cultivos y huertos, cuidar animales y atender las necesidades de sus familias. Además, en muchas comunidades participan en la captación y el almacenamiento del agua, así como en el cuidado de las fuentes que la abastecen. Sin embargo, utilizar el agua cotidianamente no significa tener la misma capacidad para decidir cómo se distribuye y quién puede acceder a ella.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que las agricultoras suelen enfrentar mayores obstáculos para acceder al agua de riego, la tecnología y el financiamiento. A estas barreras se suma su escasa representación en asociaciones de usuarios y comités de riego, espacios donde se toman decisiones fundamentales sobre la gestión y distribución del recurso.[3] Esta desigualdad también se ha documentado en México. Un estudio realizado en el Distrito de Riego Cuxtepeques, en Chiapas, mostró que las barreras culturales y legales dificultaban que las mujeres fueran reconocidas como agricultoras y usuarias del agua con derecho a participar en la toma de decisiones.[4]

En 2026, las mujeres que trabajan en la producción de alimentos ocupan un lugar central en la agenda internacional. La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró este año como el Año Internacional de la Agricultora, una iniciativa para reconocer sus contribuciones a los sistemas agroalimentarios y visibilizar las desigualdades que enfrentan. Entre sus objetivos están impulsar mejores condiciones de acceso a la tierra, el financiamiento, el agua, la tecnología y la capacitación, así como fortalecer su participación en los espacios donde se toman decisiones. [5]

Dedicar un año a las agricultoras es una oportunidad para reconocer su trabajo, pero el reconocimiento necesita traducirse en cambios concretos. Esto implica garantizar sus derechos sobre la tierra y el agua, facilitar el acceso a recursos y servicios, y asegurar que puedan participar en las decisiones que afectan su trabajo y sus comunidades.

¿Por qué debería importarnos?

Aunque no vivamos en el campo, el trabajo de las mujeres rurales está relacionado con algo que hacemos todos los días: comer. Detrás de alimentos como el maíz, las verduras y las frutas hay personas que los siembran, cuidan, cosechan y venden. Las mujeres forman parte de ese proceso, aunque muchas veces no pensamos en ellas cuando compramos nuestros alimentos.

También es importante entender que sin agua no se pueden mantener los cultivos. Según la Encuesta Nacional Agropecuaria 2025, el 72.1 % de la superficie agrícola del país era de temporal, es decir, dependía de las lluvias, y el 27.9 % era de riego. [6]

Cuando falta agua o no existe una forma justa de distribuirla, producir alimentos se vuelve más difícil. Y si las agricultoras, además, tienen menos acceso al riego o no participan en las decisiones, la desigualdad puede afectar los ingresos familiares y el bienestar de sus comunidades.

Por eso, garantizar un acceso equitativo al agua no es solamente una cuestión de igualdad entre mujeres y hombres. También es parte de los esfuerzos para sostener la producción de alimentos, gestionar los recursos naturales de manera más justa y fortalecer la capacidad de las comunidades para enfrentar las sequías y otros efectos del cambio climático.

Actualmente Ya existen iniciativas que muestran que es posible transformar las condiciones de acceso al agua. En México, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) impulsó acciones para fortalecer la seguridad hídrica en 45 localidades de ocho estados, mediante obras de captación de lluvia, almacenamiento, distribución y mejora de la calidad del agua. El proyecto benefició a 23,400 personas, más de la mitad mujeres, y contribuyó a reducir la carga de trabajo doméstico asociada al acarreo de agua [7]

En el ámbito regional, la FAO lanzó en 2025 una plataforma para fortalecer los derechos, las capacidades y el liderazgo de las mujeres rurales de América Latina y el Caribe. El sitio reúne herramientas, experiencias, recursos técnicos y cursos gratuitos que pueden aprovechar tanto las propias agricultoras como las organizaciones e instituciones que trabajan con ellas.

Estas iniciativas muestran que hay distintas maneras de actuar, pero también que los cambios necesitan continuidad. Como sociedad, podemos comenzar por informarnos sobre quiénes producen nuestros alimentos, reconocer su trabajo y apoyar a las productoras locales. También podemos compartir herramientas y experiencias que contribuyan a visibilizar las desigualdades que enfrentan.

Las comunidades y las instituciones, por su parte, pueden impulsar acciones que vayan más allá del reconocimiento: garantizar la participación efectiva de las mujeres en los comités de agua y las asociaciones de usuarios, facilitar su acceso al riego, la capacitación y el financiamiento, e incorporar sus conocimientos y necesidades en las decisiones sobre la gestión del agua.

El Año Internacional de la Agricultora no debería quedarse en una conmemoración. Es una oportunidad para preguntarnos qué condiciones necesitamos transformar para que las mujeres rurales puedan producir alimentos, acceder al agua y participar en las decisiones que afectan sus vidas en condiciones de igualdad.

 

 

Referencias:

[1] Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2022). Mujeres productoras agropecuarias. INEGI informa.

[2] Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2024, 2 de julio). Resultados adicionales del Censo Agropecuario 2022 [Comunicado de prensa núm. 397/24].

[3] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). (s. f.). Water and gender.

[4] Ruiz Meza, L. E. (2011). Gobernabilidad del agua y género en el sector de la irrigación. Un estudio de caso en Chiapas, México. Tecnología y Ciencias del Agua, 2(3), 219–238.

[5] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). (2025b, 5 de diciembre). La FAO presenta el Año Internacional de la Agricultora (2026) para acelerar la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer en los sistemas agroalimentarios.

[6] Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2026, 8 de octubre). Resultados de la Encuesta Nacional Agropecuaria 2025. Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica. Recuperado de

[7] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). (2023, 23 de marzo). Agua y comunidad: soluciones locales para garantizar la seguridad hídrica en el sur de México.

 

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