La tercera vía para una nueva ley del agua
El debate sobre el agua parece resumirse en dos posturas diametralmente opuestas:
– Existe suficiente agua, aunque mal distribuida, y se requiere construir suficiente infraestructura básica a nivel local para dotar del líquido a la gente que carece de ella.
– El agua se ha convertido en un bien escaso; no existe en todas partes. El calentamiento global causa verdaderas tragedias humanas y se prevé que expulse una cantidad significativa de personas de las zonas impactadas por sequías, siendo posible pensar que se continúen generando conflictos en la disputa por el agua, especialmente en aquellas zonas donde una frontera política separa una región geográfica donde se compite por el agua. Aquí no es raro que la solución pretenda incorporar grandes obras de infraestructura, que además de los costos ambiental y social implican un control político y central sobre el agua.
Pero hay un tercer enfoque, que consiste en entender al agua como un sistema en que se considere la relación entre aguas superficiales y aguas subterráneas, y en éstas las formas de comunicación que son horizontales y verticales de mutua interdependencia, donde los ecosistemas son parte indivisible.

